El mundo me da tanto asco que ya ni siquiera puedo cabrearme. No existe ninguna palabra que defina esto. No existe. Y es una auténtica mierda. Gozamos de un diccionario insultantemente enorme, he buscado por delante y por detrás y no encuentro una palabra con la que explicar todo esto. Siento repetirme, pero es que es una mierda. Podría decir que estoy "out" - fuera de todo- pero la realidad, la cruel realidad, es que ahora estoy más metida en mi vida que nunca. Podría decir que estoy decepcionada, pero no estoy segura de esto último. Quizá lo más conveniente sea decir que estoy en un punto intermedio entre el cabreo y el cansancio. Más cansada que cabreada, creo. Tengo fuerzas, pero ¿qué parte de mí reclama esas fuerzas? Tengo valor, pero no sé para qué lo necesito. Tengo ganas, ganas que se mezclaron con una rabia intensa, enorme y peligrosa. Y ya no sé cómo separarlas. No estoy triste. Me encantaría. Pero no lo estoy. Tampoco estoy contenta. Y no, en absoluto estoy buscando que alguien me diga cómo me siento. Tampoco escribo para encontrarme. Me toco y sé que estoy aquí. Me siento. Me veo, me huelo, me escucho, me acaricio, me respeto. Pero quizá necesite algo. O a lo mejor sólo quiero eliminar lo que nunca debió ocurrir. Borrar un fragmento de mi vida y reescribir con tiza otro momento. A lo mejor necesito alcohol, ¿no? Droga para aclararme. No lo sé. Y es una mierda. Rectifico. Es una auténtica mierda. ¿Calma? No, gracias. Estoy calmada. No hay nadie con quien pueda hablar de esto. Millones de personas que no me sirven para nada en este momento. Ni siquiera puedo hablar conmigo misma, porque no sé lo que siento. Porque me pongo a pensar y me quedo a medias, porque no entiendo qué viaja de lado a lado en mi cabeza cada madrugada cuando no consigo conciliar el sueño y duele, duele sentirse víctima de algo que ni siquiera controlas, porque no puedes, porque no quieres, porque no sabes cómo hacer para acabar con algo que te taladra la piel día sí día también. Es como si tuviera los ojos vendados, y camino, no sé si hacia atrás o hacia delante, pero camino y me canso de no encontrar nada en esta cabeza loca. Necesito una terapia que no existe, un medicamento que aún no inventaron. Algo que me alivie este sinsentido. Que prefiero sentir para mal, que no saber para qué siento. Que si tiene que doler, que duela, pero por favor, que comience ya. No aguanto ni un día más con esto dentro, necesito sacarlo de alguna manera, o al menos saber qué es, qué pinta tiene, a qué sabe y si va a dolerme mucho o si, por el contrario, me sacará una sonrisa en el próximo minuto. No quiero llegar tarde, no a mi vida. Así que por favor, sea lo que sea lo que esté dentro de mí, que salga ahora.
miércoles, 24 de febrero de 2010
martes, 16 de febrero de 2010
Winter Time

Dices que soy un cúmulo de contradicciones mal alineadas. Que no aprendo a llorar otra cosa que no sean palabras. Que siempre escribo lo que quiero que sea y no lo que es. Que miento, a todas horas. Aunque sean verdades a medias. Que en realidad no soy lo que fuí y que aún no sé lo que quiero ser. Que no necesito alas para llegar a lo más alto, y que odio perder. Que sólo necesito otro imposible. Dices que desconfío mucho del tiempo, y demasiado poco en la suerte. Que soy loca, no lo fuí. Que lo sé y ésta es mi manera de torturarme. Que no hay huracán que me apague. Dices que a palos se aprende y las astillas sólo dejan cicatrices. Que me ves cansada del caos. Dices que hay más colores que el gris humo y negro frialdad. Más sabores que la dulce soledad. Que a veces se necesita otro aire y estos son los ciclos de una vida pensada para ser vivida una sola vez.
No sufro de locura, la disfruto cada minuto
La droga es el peor psicólogo, pero lo es al fin y al cabo. Y yo cambio mis gélidas neuronas por dejar de sentir el peso de todos los miedos que me cuelgan. Por ignorar que ya no necesito a nadie y seguir intentándolo. Por obviar que haciendolo no hago daño a los demás.
viernes, 29 de enero de 2010
Teméis todas las cosas como mortales y todas las deseáis como inmortales.
-Sí, dime
-No te acostumbres a mí.
-¿Cómo?
-Que no te acostumbres a mí, ni a mi risa, ni a mi hiperactividad matutina, ni a mis sonrisas en esos momentos, ni a mis besos, ni a mi olor. No te acostumbres a que hablemos de tus problemas, ni a que te escuche con atención. No te acostumbres a como te miro o te dejo de mirar, no te acostumbres a mis mejillas rojas como un tomate cuando te ríes de mí, ni te acostumbres a mi rabia, ni a reírte de las cosas que digo. No te acostumbres… enserio
-¿Y eso a que viene?
-A nada simplemente algún día me cansaré, me iré y echarás de menos a esas cosas si estás acostumbrado
Tratando de dominar el mundo
Ya sonaba alto antes de que naciéramos. Hemos venido al mundo y como generación sin nombre tenemos todos unas ganas insaciables de comernos el mundo. Nacidos desde el más triste orgasmo hasta la única ilusión de dos personas. Dentro de una maldita contradicción. Hechos de un plástico no muy resistente, con una dosis de cinismo que supera lo recomendado por la fábrica. Esperanza de un futuro borroso, engañoso. Muertos en vida en plena sobredosis, en pleno subidón cerramos los ojos y nos importa muy poco lo que pueda llegar a pasar. Resaca acumulada por generaciones que depositan demasiada confianza, resaca de antaño acumulada en un sólo ser. Somos buenos en cosas malas, y malos en cosas buenas, o eso dicen, o eso no se cansan de decir. Creyentes de la nada, del ahora, de lo poco que hay. No en ninguna fe ciega, culpables de no ver más allá de lo que significa una piedra esculpida. Culpable también por renegar un sistema lleno de pequeñas fracturas. Somos paradojas. Pero también somos tan distintos que encerrarnos en el mismo sobre viene a ser negarnos lo que aún no sabemos.
¿Soy una buena persona haciendo cosas "malas"… o una mala persona haciendo cosas "buenas"?
El origen de la Tragedia - Friedrich Nietzsche
..La música y el mito trágico son, en un mismo plano, la expresión de la facultad dionisiaca de un pueblo, y parecen inseparables. Ambos derivan de una esfera del arte que, por lo mismo, es apolínea; ambos alumbran una región de armonías dichosas en las que se extingue deliciosamente la disoancia y se desvance la horrible imagen del mundo; ambos juegan con el aguijón del dolor, confiando en el poder infinito de sus encantos; ambos justifican por este juego la existencia de <<>>. A los ojos del apolíneo, el instinto dionisiaco se manifiesta aquí como la fuerza asrtística primitiva y eterna, que llama a la vida al mundo entero de lo ilusorio, de lo aparente, en medio del cueal es necesaria un anueva ilusión transfiguradora para retener en la vida el mundo animado de la individualidad. Si nos fuese posible imaginar la disonancia hecha carne – ¿y qué es el hombre sino esa disonancia hecha carne? -, para poder soportar la vida, esta disonancia tendría necesidad de una admirable ilusión, que le ocultase su verdadera naturaleza bajo un velo de belleza. Este es el verdadero fin del arte apolíneo; el nombre de Apolo resume aquí para nosotros esas ilusiones innúmeras de la bella pariencia que hacen, en cada momento, digna de ser vivida la existencia y nos empujan a vivir el instante que sigue.
La música, el arte ilusorio que nos motiva a seguir caminando cuando la realidad se hace carne viva; condimento que endulza los tragos amargos; nube donde acurrucarnos cuando la tormenta se hace visible.
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